The Core es una película del director Jon Amiel de 2003 en la que tras una serie de extraños acontecimientos a lo largo del planeta, se descubre que, por razones desconocidas, el corazón del planeta Tierra ha detenido su movimiento giratorio, lo que causará en pocos meses un tremendo desastre natural, eliminando la vida tal y como la conocemos.
Para buscar una solución a esta catástrofe el gobierno y el estamento militar piden ayuda al geofísico que descubrió qué estaba pasando, el Dr. Josh Keyes (Aaron Eckhart), y a un grupo con los mejores científicos mundiales. Deberán viajar al centro de la Tierra en un vehículo subterráneo al mando del comandante Robert Iverson (Bruce Greenwood) y la mayor Rebecca “Beck” Childs (Hilary Swank). Su peligrosa misión será la de detonar un dispositivo nuclear que intente reactivar el núcleo, y así salvar al mundo entero de una destrucción segura.

El mayor error de la película es precisamente la trama principal en sí. La rotación del núcleo terrestre es una de las causas de que tengamos un campo magnético rodeando el planeta. Pero dicho campo, al igual que cualquier campo electromagnético, únicamente afecta a partículas con carga eléctrica. En el caso que nos ocupa, el campo magnético terrestre sólo desvía el viento solar y la parte de rayos cósmicos formada por partículas subatómicas con carga.

La otra parte de la radiación cósmica es en realidad radiación electromagnética de muy alta frecuencia (por encima de 30 Exahercios, es decir, 30.000 millones de Gigahercios). Por otro lado, las microondas son también radiación electromagnética, como la luz, los rayos X o las ondas de radio. Y resulta que la radiación electromagnética, sea del tipo que sea, no se ve afectada por un campo magnético. En realidad es la atmósfera quien nos protege de la mayoría de la radiación electromagnética nociva, como determinados rayos ultravioleta, los rayos X, los rayos gamma, etc.
Por otro lado, en la peli se hace especial hincapié en las microondas, sugiriendo que achicharrarían la Tierra. Sin embargo la radiación en forma de microondas que recibimos del Sol es muy pequeña comparada con la que emitimos nosotros mismos mediante radares y radioenlaces.
Además, contrariamente a la creencia popular, las microondas no calientan de forma letal todo lo que encuentran en su camino. Es bastante obvio que esta creencia proviene de la existencia de los hornos microondas. Cierto, estos hornos calientan la comida a base de emitir microondas sobre ella, pero estas microondas son de una frecuencia muy concreta: 2,5 GHz. Diagrama de la molécula de agua.Resulta que la molécula de agua es bipolar. Eso quiere decir que un "lado" de la molécula tiene carga eléctrica positiva y el otro "lado" tiene carga negativa.

Esto hace que en presencia un campo electromagnético, se orienten según ese campo. Si el campo es variable, pues las moléculas van cambiando su orientación constantemente. Existe un fenómeno físico llamado resonancia. Casi todos los cuerpos tienen una frecuencia natural de vibración. Si golpeas un diapasón, o cualquier trozo de metal, vibrará (más o menos tiempo) emitiendo un sonido de una frecuencia determinada. Esa es la frecuencia de resonancia. Si lo hacemos vibrar mediante medios externos (es decir, que no vibre él sólo como resultado de un golpe) a esa frecuencia, la intensidad de la vibración crecerá muchísimo, llegando en ocasiones a romper o dañar el objeto. Con la molécula del agua ocurre lo mismo. Su frecuencia de resonancia es de 2,5 GHz, por lo que si se encuentra en el interior de un campo electromagnético variable con la misma frecuencia, vibrará muchísimo. ¿Y qué? Pues que el calor no es más que la energía cinética de las moléculas que forman el objeto. Un cuerpo está más caliente que otro porque sus moléculas se mueven más que las del otro.
Dado que la mayoría de los alimentos tienen una importante cantidad de agua, pues se calientan cuando son atravesados por una radiación de microondas de 2,5 GHz. Y sólo de 2,5 GHz. A otra frecuencia no se produce este fenómeno, y en ese caso, para que la radiación de microondas sea dañina, debe tener determinada intensidad. Intensidad que no tienen las que nos llegan desde el espacio.
Entonces ¿si desaparece el campo magnético terrestre no pasa nada? No es así. El campo magnético nos protege del viento solar. Éste no es especialmente nocivo, salvo cuando se producen erupciones solares. En estos casos, el viento solar es anormalmente intenso, y las partículas cargadas que lo componen producen las famosas auroras.

Estas partículas quedan atrapadas por el campo magnético terrestre formando los Cinturones de Van Allen. De hecho, es en los cinturones donde la radiación es especialmente intensa, y es un punto muy delicado a tener en cuenta por las agencias aeroespaciales. En las misiones Apollo, la dosis de radiación recibida durante el paso por los cinturones era mucho mayor que la del resto del viaje.
Hay otro hecho importante a tener en cuenta. El campo magnético terrestre no es constante y varía a lo largo del tiempo. Desde la formación de la Tierra, el campo ha cambiado su polaridad en numerosas ocasiones. Esto se sabe por cómo se alinean los minerales magnéticos en diferentes estratos geológicos. Y resulta que en una de esas inversiones, el campo magnético casi desapareció durante 10.000 ó 20.000 años, hace un millón de años. No sólo no se extinguió la vida entonces, sino que más o menos durante ese periodo apareció el hombre.
Así pues, si desaparecese el campo magnético terrestre, no sería el fin del mundo. Tal vez aumentaran los casos de cáncer, debido a la radiacón cósmica, pero la mayoría seguiríamos aquí. Ni radiaciones letales, ni incendios ni supertormentas.

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